Dulce amor mío. Te conviertes en niño siendo un hombre, exploras el interior de mis ojos, recavas geometrías de mi ser y tus brazos regocijan mi piel, tus labios humedecen mis senos que claman más y más cuando decides descender.
El roce de los vellos de tus brazos ya empapados de sudor, se sienten paso a paso a cada movimiento, con cada respiración. Quiero gritar. Pero no para morir. Sino para continuar. Que quedes dentro de mí y luego de nuestro encuentro sentirte en mi caminar.
Comentarios
Publicar un comentario