Ayer Emi tuvo un gran berrinche en nuestra salida mamá e hijas, luego de haber estado en la estación de juegos pasamos por la jueguetería, decidimos entrar porque querían ver y jugar con los juguetes de allí un rato, después de unos minutos Emi se enamoró de un dinosaurio, le dije que sería buena idea como regalo de Navidad o de cumpleaños, aceptó la idea con un poco de enfado. Luego fuimos a buscar algo para comer, en el camino comenzó la escena de terror, iba caminando, cruzó sus bracitos y frunció su ceño. Dijo que no comería y que quería su dinosaurio ahora, intenté traerla a la realidad “Emi hoy salimos a pasear juntas y compartir, hoy no salimos para comprar juguetes”. Traté de mantener la calma, reconozco que aún lastiman las creencias limitantes, por microsegundos venían pensamientos de “la están viendo llorar, y nos miran extraño por interrumpir sus vidas con su llanto”,pensar que debía callarla para no incomodar a otros, para responder a la demanda que imaginaba que tenían los de alrededor, luego trataba de volver a lo importante, Emi me necesitaba, su llanto no me dejaba pensar, mi otra nena reconocía el malestar de Emi y trataba de convencerla “Emi y si comemos cajita feliz, eso te hará estar mejor”. Me di cuenta que yo estaba haciendo lo mismo, estaba tratando de convencerla o de distraerla para que pare el llanto, estaba olvidando acompañarla en su emoción. Llegamos a la mesa, mi otra hija se fue a la zona de juegos, pedí comida desde la mesa por la app (gracias a Dios por la app) y nos trajeron la comida, todo esto acompañadas de su estruendoso llanto y lagrimones que corrían por sus mejillas redondeadas. Rebusqué en los bolsos, saqué pañitos, limpié su carita y la abracé, lloró más y más fuerte. Llegó la comida, lloró porque quería hamburguesa (ella primero había elegido nuggets), tal fue el llanto que la chica que nos atendió muy amablemente le trajo hamburguesa para ella (gracias por eso, esta mamá en apuros lo agradece infinitamente), sentía las miradas de todos y los pensamientos basados en creencias limitantes iban y venían mientras trataba de estar con ella,fueron momentos de mucha angustia para mí, una batalla entre responder a la necesidad de mi hija y a responder a lo que creía que demandaban los de alrededor. Ya no quise convencerla de no llorar, decidí acompañarla a transitar esas emociones “sé que amas los dinosaurios Emi, y pues te pone muy triste no poder llevar a casa el que te gustó”, la seguía abrazando y meciendo sobre mis piernas, mantuve mi postura de no comprar el dinosaurio (llegó un punto en el que casi me regreso a la juguetería a comprarlo) “no podemos regresar por él hoy, veo que te gustó mucho y lo hablaremos con papá para que sea un regalo para navidad”, poco a poco fue llorando menos, y luego decidió comer un poco. Mi Emi tiene 4, yo tengo 32 y estamos aprendiendo a gestionar nuestras emociones en nuestro rol de madre e hija. Al final de este episodio Emi pudo regularse, los apuros como mamá sin temporales, el vínculo con ella es permanente.💕
Bienvenidos a mi espacio de mamá en apuros, espero les sirva para no sentirse solos en la aventura de la crianza.🌟
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